Ayahuasca

“La belleza no esta afuera sino  en los ojos de quien la ve”

Ayahuasca, significa la liana de los muertos. Es una planta maestra utilizada como medicina por los pueblos indígenas del Amazonas.

Para la medicina indígena el cuerpo físico es el principal instrumento de curación, por lo tanto hay que limpiarlo y prepararlo. La manera de depurar el cuerpo es con plantas que generan vómitos y/o diarrea. Esta depuración tiene una importancia crucial en el proceso de curación y hasta de transmisión de sabiduría. Al vomitar se liberan las cargas físicas, emocionales, mentales y espirituales. No se puede incorporar lo nuevo: salud, nuevos conocimientos, lo que uno este buscando, si antes no se limpia el cuerpo.

A la Ayahuasca la consideran una planta maestra porque, utilizada en un contexto ritual y con un guía, la planta nos enseña, nos ayuda a ampliar la conciencia, limpia los cristales y nos recuerda como mirar desde lo esencial. De esta manera sana. Las enseñanzas vienen de la auto-observación, del despertar del maestro interior y también de la información que, en el estado de conciencia ampliada, recibimos desde otros planos de conciencia que no percibimos en estado ordinario.

Cuando escuche por primera vez hablar de la Ayahuasca, desde la mente sentí miedo y me resistí, pero mi corazón insistió tanto que me deje llevar por él. Viaje a la selva amazónica peruana, a tener mi primer encuentro. Era un seminario de una semana, en la que participe de tres ceremonias de Ayahuasca. Fue tan revelador lo que viví, lo que aprendí de mi misma y lo que sané, que cuando regresé a Buenos Aires tomé la decisión de continuar. Llevo más de 7 años eligiendo a la Ayahuasca como mi mejor medicina para mi proceso de crecimiento. “Mejor” porque todas las enseñanzas que recibí a través de ella, fueron metabolizadas por mi cuerpo y por lo tanto forman parte de mi. No son solo enseñanzas que entendí, sino enseñanzas que viví, como si el mensaje en vez de venir de afuera hacia adentro, viniera de adentro mismo, del maestro interior y de la sabiduría ancestral.

Como mujer, mi manera de utilizar esta medicina y de entrar en contacto con el Espíritu de la Ayahuasca, es una manera femenina. Mi poder esta reforzado por el trabajo que vengo haciendo de autosanación (femenino, hacia adentro) no tanto de sanación a otros (masculino, hacia afuera). El hecho de ser mujer influye en la manera como percibo los procesos, como recibo las enseñanzas de la planta, y que herramientas voy adquiriendo para sanar.

Por ejemplo una de las primeras lecciones que aprendí de la ayahuasca fue la de abrir mi corazón tanto a la luz como a la oscuridad. Nunca me enseño a combatir ni a luchar con las “fuerzas de la oscuridad”, como muchas veces escuche que hacen los chamanes varones. Todo lo contrario, me enseñó a abrir mi corazón para amar, y amando comprendí que hay una única fuerza que se manifiesta como luz u oscuridad según lo que una persona necesita experimentar para aprender. Esta lección que hoy relato cómodamente sentada en mi casa, la aprendí en una de las ceremonias mas intensa, profunda y transformadora que viví en la selva, cuando daba mis primeros pasos en este camino de conocimiento.

Otra actitud femenina es la de acompañar a la persona que consulta a recuperar y fortalecer su propio poder personal, que le permitirá tener la suficiente fuerza para ser responsable de su proceso de sanación. El poder personal se fortalece cuando recordamos y aceptamos quienes somos y nos animamos a vivir siendo guiados por nuestro maestro interior que habita en el corazón.

 

 


La Ayahuasca, es una gran maestra enseñando el camino de la auto-aceptación. Durante la ceremonia entramos en un estado de conciencia ampliada. Esta ampliación permite al testigo interior observar todo lo que nos sucede y lo que somos de una manera simple. Una situación o un aspecto que en la conciencia ordinaria genera resistencia, negación o cualquier otro mecanismo de defensa, en estado de conciencia ampliada simplemente es.

 

Esta ahí, frente a nuestros ojos, a los ojos del espíritu. Esta simpleza facilita enormemente el proceso de auto-aceptación, y por consiguiente de sanación. A largo plazo va dejando una huella imborrable que transforma positivamente la manera de relacionarnos con nosotros mismos y con los demás.

Honro y celebro esta medicina porque me enseñó a transformar el miedo en amor, a estar en paz con mi Ser, a honrar a mis padres, a perdonar y cicatrizar heridas, a integrar aspectos,  a observar sin juzgar, a dar las gracias por estar en este cuerpo, en esta Pachamama, en este momento; y tantísimas lecciones más que forman parte de mi proceso: Gracias Madre AYAHUASCA